martes, 23 de abril de 2013

MI ROLLO ES EL ROCK!

Tras una intensa tarde de estudio, y la cena, se metió en la cama. Llevaba mas de cuatro meses así y sabía que no iba a aguantar más. Vivía con su familia, y lo único que hacía era estudiar. Le gustaba la música, especialmente el rock, pero no tenía tiempo para tocar su querida guitarra, o para ponerse los cascos que, casi siempre, llevaba en el cuello. Estaba harta. Iba a irse. Ya lo tenía decidido. A la mañana siguiente cogería su guitarra, una mochila con algo de ropa y alguna que otra cosa de valor, y se iría. Lo dejó todo preparado, y al despertar, se fue. No sabía que iba a hacer, pero empezó a caminar. A las afueras de su ciudad se puso a hacer autostop. Una furgoneta paró. Era un chico, y le preguntó a dónde iba. Ella le contó todo lo que había ocurrido, y él le dijo que también vagaba sin rumbo, así que si quería podía irse con él. No tenía ningun plan mejor, así que aceptó de buena gana. Viajaron por todo el país. Daban conciertos en cada bar que paraban, pues él también tenía una guitarra, y con lo que sacaban, podía comprar algo para comer, y pagar la gasolina que les llevaría a cualquier otra ciudad. Tocaban canciones de grupos como Marea, La fuga, o los Ramones, y llegado el momento, empezaron a componer, pero no demasiado. A parte de ser compañeros de "grupo", habían descubierto el amor. Y el sexo. Y la mezcla de ambas cosas, era lo mejor que les había pasado. No tenían nada más que sus guitarras, aquella vieja fugoneta, y él uno al otro. Un día, en uno de los bares en los que tocaban, se encontraron a un productor, aunque ellos no lo sabían. Dieron su concierto, y al acabar, fue a hablar con ellos. Le habían gustado. Les ofreció grabar un disco, y hacer una gira por el país, con instrumentos mejores, hoteles, y buen medio de transporte. Aceptaron pero con la condición de que pudieran seguir yendo en su furgoneta y usando sus instrumentos. El productor se sorprendió de esto, pero aceptó. A los dos conciertos, volvieron a modificar el contrato: no querían hoteles, prederían la intimidad de la furgoneta, y el colchón que tenían tirado en la parte de atrás de esta. El productor ya no daba crédito. No lograba entenderlo, pero aceptó de nuevo. Empezaron a ganarse cierta fama, y la gente empezaba a conocerlos. Pero nadie sabía nada de ellos, nada más de que cantaban. No sabían su pasado, cosa que tampoco sabían el uno del otro, ni que se querían, ni que eran capaz de juntar el amor y el sexo. Nadie sabía nada de ellos. Pero les paraban por la calle, les pedían autógrafos y fotos. No estaban acostumbrados, no les gustaba esa vida. Un día se cansaron, y decidieron irse. Se fueron a otro pais, volverían a empezar. No dijeron nada a nadie. tampoco tenían nadie a quien decirselo. Al principio les buscaron, la gente estaba preocupada, pero en menos de un año, casi nadie se acordaba ya de ellos. Volvieron a vivir la misma historia, pero esta vez el final cambió. Un productor los vio tocando en un bar, y les ofreció grabar un disco, y hacer una gira por el país, con instrumentos mejores, hoteles, y buen medio de transporte. Se miraron y rieron. El productor no entendía que pasaba, y se impacentaba por una respuesta. La obtuvo. Fue un no, rotundo, de ambos. Se tenían el uno al otro, tenían su música, y podían viajar. Tenían todo lo que necesitaban, ¿para que iban a querer más?

Andrés da Silva

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