Vete lejos.
Muy lejos,
pero no demasiado.
Lo suficiente como para que te eche de menos,
pero no tanto como para que te olvide.
Esperaré cada tarde tu regreso,
sentado en aquel antiguo bar.
Sin prisa,
sin nada mejor que hacer,
con deseo,
deseo de volver a verte.
Te esperaré inmerso en mi soledad,
triste y silenciosa soledad,
capaz de destrozar personas,
o de arreglarlas.
Soledad que invade el camino,
camino por el que debes volver.
Camino en el cual esperaré,
camino por el que pasa más gente,
dispuesta a romper mi soledad.
Andrés da Silva
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