Siempre me dijeron que tuviera cuidado con los verdes,
que eran muy adictivos, y que colocaban mucho.
Que me acabarían volviendo loco.
No entendía a que se referían con aquello de los verdes.
Hasta que me miraste, y mi vida se tambaleó por completo.
Vi en tus ojos la jugada que me acababa de hacer perder.
Vi tus ojos, y supe que ya no había vuelta atrás.
Comprendí que esa mirada de complicidad significaba
que todo se quedaba en manos de la poesía.
Quizá sea un doble o nada con la vida,
o el momento de empezar a creer en la magia.
Pero, ¿sabes qué?
Tengo el corazón asegurado a todo riesgo,
así que por una vez
van a ser otros los que paguen mis destrozos.
Andrés da Silva
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