Abrir los ojos y ver tu cara
en la misma almohada que la mía.
Aprenderme el alfabeto braile de tus lunares
mientras espero a que despiertes,
para después jugar al escondite con ellos.
Susurrarte en el idioma de los besos
la palabra más larga que se me ocurra,
y sentir la soledad
cuando nuestros labios se separen.
Ver amanecer, no cuando sale el sol,
si no cuando tus ojos se abren
-y no, Becquer no puede hablar de pupilas
sin haber visto las tuyas-.
Estaremos en la ciudad más bonita,
la que te tiene a ti.
Porque ninguna ciuda tiene encanto
si no estás tu en ella.
Buscar con nuestras manos
los tesoros que hay enterrados
bajo nuestra ropa.
Abrazarte cuando te tengas que levantar
y decirte: "Quédate, cinco minutitos más".
Andrés da Silva
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