Pierdo todo cada vez que llegas,
como los árboles y el invierno,
pero diferente,
a tu estilo.
Pero es que estar contigo es mucho mejor
que cualquier sensación que nadie llegará a imaginar nunca.
Haces creyentes a los ateos
meneando las caderas con pantalones apretados.
Y también tienes esa sonrisa
que vale mucho más que cualquier culo.
Tu cuello, ese plato perfecto
que sueño con lamer al acabar de comer,
antes de que me castigues mandándome
a la esquina de pensar, en tu coño,
para representar
"20.000 lenguas de viaje entre tus piernas".
Se que tus labios me incitan al suicidio
pero son lo único por lo que sigo vivo,
aunque mi mundo tiembla
cada vez que tu lo haces,
y se rompe por todos los lados
cada vez que un ápice de tristeza
ronda cerca tuyo.
Y yo vuelvo a nacer
cuando vuelvo a ver por primera vez tus ojos
-aunque ya los conozca perfectamente-
con todos los secretos que escondes tras ellos.
También lo de tus caricias
y la cantidad de guerras que hay
por conseguir una.
Y los corazones parados
por tu melena al viento.
Pero yo tengo miedo a que vuelvas
y te pierda otra vez.
Aunque más aun a que no lo hagas.
Sí, te echo de menos
en modo paja,
en modo poema,
y en modo pecado.
También en el modo en que la arena
echa de menos las olas
cuando la resaca se las lleva.
Y es que mi almohada grita "¡vuelve!"
cada vez que le hablo de ti.
Y yo quiero poder gritar al mundo de nuevo
que tu eres mi chica
mi mundo,
mi vida,
mi todo.
Andrés da Silva
No hay comentarios:
Publicar un comentario