sábado, 29 de marzo de 2014

LA ÚLTIMA BALA

No digáis amor si nunca fuisteis funambulistas en su clavícula.
Si nunca caísteis en sus redes porque os hizo perder
el equilibrio, la respiración, o el culo,
con tan solo un susurro.

Mis sábanas no quieren saber de otros cuerpos desde que la conocieron.
No quieren noches de borrachera, ni mañanas de resaca.
Solo volver a acariciar su piel, y disfrutar cuando ataca,
cuando saca la fiera que lleva dentro.

Y el escalofrío que se siente al verla despertar
apoyada en tu hombro, como señal de paz,
tras una noche de guerra, sin posibilidad de retirada
debe ser eso que llaman magia.

No sabéis lo que es verla pasar cuando llueve
dando color al gris de esos días,
sacándole la lengua al solo, y a la vida,
sonriendo al mundo, y haciendo sonreír a los que la ven.

Y no entenderéis la belleza de los ojos castaños
hasta que no os mire y pare el mundo como solo ella sabe,
con la mirada de musa de lujo ansiada por mil poetas,
o con la de musa de triste club de carretera.

Y es que ella es mis razones, mis ganas de perder o ganar,
la sonrisa furtiva que a veces se me escapa.
Es la última bala de una ruleta rusa,
y ese pecado angelical que repetiría hasta que me echaran del infierno.

Andrés da Silva

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