A veces es necesario parar.
Detener la vida un instante.
¿Qué o quien querías ser?
¿Qué o quien eres?
¿Estás haciendo lo que realmente quieres
o tan solo haces lo que el resto quieren que hagas?
Siempre idolatraste al Principito, a Holden Caulfield, al Quijote,...
Quisiste cambiar el mundo, y aun te mueres de ganas por ello,
pero te parece más sencillo seguir con tu monótona vida de oficina.
Te pones tu camaleónico traje gris, y te fundes con el ajetreo urbano.
Atiendes el teléfono antes de que suene el tercer timbre.
Pagas tus recibos el día 6 de cada mes.
Respondes 'sí, jefe' a todo lo que te dice.
Sales del trabajo, te aflojas la corbata,
tomas 2 copas de un crianza de hace 3 años,
vuelves a tu casa, besas a tu mujer,
metes a tus hijos en la cama,
escuchas cualquier programa deportivo que echan por la radio,
y te duermes.
Te levantas a mear 4 veces a lo largo de la noche,
y te la sacudes 2 veces, porque más ya es paja.
A las 7.10 suena el despertador.
Lo pospones 5 minutos.
Te duchas, dos cafés cargados,
y repites la rutina un día más.
Un día menos.
El domingo llevas a tus hijos a comer con los abuelos.
Y al zoo.
Los animales son bonitos.
Pero no tienen libertad.
Porque un humano los encerró en jaulas.
Igual que a ti en el trabajo.
Piensas.
¿Eso es lo que quieres para tus hijos?
¿Eso es lo que quieres para ti?
Dónde quedó aquel que soñaba con meterle un gol con la mano a Inglaterra en el '86,
aquel que soñaba con pisar la luna en millones de televisores,
aquel que soñaba con acariciar a Lucille como nadie más sabía hacerlo.
Querías ser un payaso que recorría el mundo sacando sonrisas a los niños.
Querías aprender magia. Y cantar bien. Y conocer mucha gente. Y viajar. Y volar.
Querías ser feliz, y ahora solo eres. A secas.
Tan solo eres para algún día dejar de ser.
Eres ese que está surfeando por el medio de una ola infinita, esperando a que se acabe.
Pero sin tabla, ni ola, ni surf.
Tú me entiendes.