Sentado, tranquilo,
Mirando por la ventana del tren,
Mientras la musica que sale de sus cascos
Penetra sus oidos.
Eso es lo que ves,
Pero hay mucho más:
Paris, y su torre Eiffel,
Las putas de Montmatre,
Y lo saltos para colarse en el metro.
Bruselas, ciudad sin ley.
También el Atomium,
Y el pequeño niño meón.
Brujas, desde las alturas del campanario,
Y la magia de sus canales.
Amsterdam, y sus bicicletas.
Sexo, drogas, agua,
Policías que no dejan dormir en la calle,
Y partidas de madrugada.
Berlin, ciudad que no es.
Memoriales que recuerdan lo que un dia hubo.
Restos de un muro que un dia partió el mundo.
Praga, y su puntualidad.
Cabarets, fama y musica.
Budapest, una ciudad antigua.
Lavanderias y laberintos.
Conversaciones por gestos,
Y tardes de spa.
Viena, ciudad de las chicas preciosas.
Palacios, chinos que sacan fotos,
Y gente que no te deja tocar.
Milán, ciudad de los mosquitos.
Plazas llenas de palomas,
Catedrales a las que no dejan subir,
Y palacios donde mojar los pies.
Niza, ciudad para ricos.
Luces de colores,
Y noches en la playa,
Bajo la amenaza de desconocidos.
Andrés da Silva
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