Echaba de menos ir al pueblo en vacaciones, casí tanto como ir a la playa. Después de comer, fui, y me tumbé a tomar el sol, mientras dibujaba en mi pequeño cuaderno, escuchando musica. Al cabo de un rato vi a una chica que hizo que lo dejara todo, y me quedara con cara de tonto mirándola. Era rubia, alta, y tenía unos ojos verdes preciosos. Iba con sus padres. Estuvo tomando el sol todo el tiempo, salvo un rato que se fue a bañar. Por la noche pensé en ella. ¿Cómo se llamaría? ¿De dónde sería? Los días pasaban y seguía observandola en la playa. Un día la vi por el pueblo, mientras iba a comprar el pan. Iba sola, así que decidí conocerla. Charlamos un rato y quedamos para por la tarde. Dimos un paseo y fuimos a tomar unos batidos.
-¿Puedo darte un beso? Dije.
-Claro.
Iba a besarle la mejilla, pero giró la cara y besé sus labios. Pasamos el resto de la tarde juntos. Quedamos para ir a la playa a bañarnos al día siguiente. Al despertar por la mañana había bastante revuelo en el pueblo. Un camión se había llevado por delante a un coche, matando al matrimonio y su hija que iban dentro, pero el cuerpo de la hija nunca apareció. Era ella. Desde entonces, su espíritu aparece en la playa todos los veranos, esperándome, para poder cumplir aquella promesa: bañarnos juntos.
Andrés da Silva
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