Morir y matar no es lo mismo,
aunque yo haría cualquiera de las dos
por la más mínima de tus caricias.
Sería capaz de ir al lugar
donde las golondrinas de Becquer huyeron
a cambio de la más sutil conversación con tus ojos.
Y no hablemos de tu sonrisa, pues
¡Qué sería capaz de hacer porque me sonrieras..!
Por saber tu nombre, podría mover planetas
con la facilidad con que un niño
mueve sus juguetes.
Por tu ombligo sería capaz de empezar y acabar guerras,
de batir récords, incluso de derrocar gobiernos.
Por agarrar tu mano pararía el mundo una y mil veces,
en la parada que hay al lado de tu casa.
Y por tu vida, como dije al principio,
daría la mía.
Andrés da Silva
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