El símple aleteo de tus párpados
es capaz de desatar tormentas en mi corazón,
haciendo que me emborrache tan solo con el whiskey-cola de tu mirada,
haciendome fumarte en oro, porque vales más que la plata,
vaciando mis venas de sangre, y llenándolas de ti,
y sintiendo ese vértigo solo comparable
a asomarse al acantilado de tus largas piernas
que incita a saltar, o a tirar todo como si no importara,
como cuando susurras y todos callan.
Me encanta despertarme en la resaca de tus sábanas
que se pasaron la noche rompiendo en la orilla de tu colchón,
haciendome naufragar, quedando agarrado a la almohada,
almohada que tu te encargarás de hundir,
dejándome flotando hasta llegar a la costa de tu cuerpo,
cual afortunado robinsón en tiempos modernos.
Andrés da Silva
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