domingo, 8 de diciembre de 2013

TODO LO QUE PIENSO Y NO TENGO HUEVOS PARA DECIR

No puedo dejar de soñarte despierto,
cada vez que la luna llena de luz esa mirada tuya
que me hace perder la cordura.
Y la locura sigue al imaginarte curando mis heridas con tu saliva
y embriagandote con la mía, perdidos en la isla desierta de tu cama,
donde todos los marineros quieren naufragar.
Sigo buscando problemas tan solo para olvidarme de ellos
cada vez que tu pelo ondée al ritmo que el viento le imponga,
mientras bailamos bajo la lluvia, o volamos por encima de ella,
poniendo celosos a los pájaros que nos vean.
No pienso en el futuro por miedo a que no aparezcas.
y mi pasado empezó el día que te conocí, el día que me enamoré.
A diferencia de Ángel González, yo no necesito probarte,
pues hace tiempo que se que eres tú con quien me quiero quedar.
No me interesa el número de años que tengas, ni el número de polvos que hayas echado,
tan solo me importan el número de pasos que hay entre tu casa y la mía, y el de la velocidad a la que hay que ir por tus caderas.
Solo tú sabes enamorar ciudades a ritmo de jazz
con esa sonrisa imborrable que no hay manera de gastar.
Quiero ganar la batalla al sol de ser el que acaricie tu piel más temprano cada día,
y quitarle el puesto a la luna de ser quien se acuesta contigo.
Quiero compartir contigo primaveras sin  deshojar margaritas,
y el crujir de las hojas pisoteadas una y otra vez en otoño.
Y es que, como decía aquel personajillo: "el amor es como una caja de bombones,
puede contener trozos de frutos secos, y demás cosas impredecibles".

Andrés da Silva

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