Todo comenzó cuando saqué a mi perro a pasear. Iba mirando para un lado, y cuando me di cuenta, había chocado con una chica.
-Lo siento, iba distraido.. Dije.
-No no, fue cuelpa mía, estaba inmersa en mis pensamientos. Por cierto, me llamo Rosa.
Era una chica muy guapa. Me presenté, y fuimos a dar un paseo juntos, con mi perro Tom. Vivía enfrente mio. Fue extraño, pues nunca nos habíamos visto. Hablamos bastante durante el paseo, y la acompañé a casa. Yo me fui a la mía, ya de noche, me metí en la cama y no pude dejar de pensar en ella. Al día siguiente, volvería a sacar el perro a la misma hora para ver si la encontraba. Así fue, otra vez lo mismo. Pero esta vez no cometí el mismo error. Le pedí su número, y quedamos para el día siguiente. Al llegar, me dio un trozo de papel higiénico con algo escrito en él. No sabía que pensar.
-Me desperté a las tres de la mañana con la necesidad de escribirte algo. Sí, estoy loca, me lo dice todo el mundo. Dijo.
Aquello no tenía ni pies ni cabeza, despertarse a esas horas para escribir, hacerlo en papel higiénico,.. En fin, dejé de darle vueltas, y me puse a leerlo.
Aquel choque me cambió. Chocar y encontrarme esos ojos mirandome, mientras tus labios me pedían perdón, causó en mí una reacción rara. Hizo que yo solo te viera a tí, que no pudiera resistir las ganas de besarte, de abrazarte, o, al menos, de cogerte de la mano. Me cegué demasiado, tanto que no me di cuenta de que llevabas un perro salchicha hasta que me acompañaste al portal. Ahí me diste un par de besos. No eran los que yo quería, pero algo era algo. No se si crees en el amor a primera vista, pero desde luego, yo se que existe.
Tenía un montón de preguntas sobre aquello. No sabía muy bien que hacer, pero cuando me quise dar cuenta, le estaba besando. Después de esto estuvimos saliendo durante bastante tiempo, donde yo, cada vez, la soportaba menos. No hacía nada bien, no me gustaba su ropa, no me gustaba lo que hacía, y todo esto se lo decía. No me podía callar. Ella estaba muy enamorada de mi. Un día no aguanté más y la deje. Fue una discusión absurda, pero le dije que se fuera. Poco después de aquello, se suicidó. Lo hizo a la hora en que yo salía a pasear al perro siempre. Ella saltó por la ventana, un sexto piso. A los dos días me dieron una carta que ella había dejado para mí.
Loca. Eso me lo llamaba a mi misma, lo sabes. Guapa. Eso era lo que me decías tú, muy de vez en cuando. Tonta, eso era lo que realmente era. Estaba enamorada de ti. Nunca lo había estado tanto por alguien, pero el tiempo me demostró que no era lo acertado. Aquel chico bueno con quien había chocado, estaba haciendo de mi vida una mierda. Aquel chico por el que yo daba todo, no lo agradecía, ni correspondía, ni siquiera se daba cuenta. Solo exigia cambio. Haz esto, o esto otro. Poco a poco me fui desenamorando, hasta el día en que me dajste. Lo había dejado todo por ti, para nada. Nada tiene ya sentido, asi que todo va a acabar igual que empezó, conmigo tirada en el suelo.
Andrés da Silva
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