Aún era domingo. Estaba tumbada en el sofá, viendo los Goonies. Sí, ya sabéis, esa peli en la que unos chicos se encuentran un mapa que les guía en la búsqueda de un tesoro, y en la que también sale Sloth, ese "rarito" y deforme, al que su familia tiene encerrado y encadenado en un triste sótano. Sí, sigo hablando de la película, aunque tranquilamente podía hablar del mundo real. Sí, de la sociedad en la que vivimos. Sí, de la sociedad que creamos. Se discrimina a todo el mundo: por la raza, por la religión, por enfermedades,.. Hoy, día del síndrome de down, quiero defender a todo el colectivo que padece esta enfermedad. Sí, a esa gente que tiene esa magia, esos que tienen un cromosoma más. Un cromosoma a cambio de toda la malicia, esa que tenemos el resto de humanos. Esta gente produce en mí una sensibilidad especial, quizá por todo lo que sufren, debido a cientos de cabrones que tratan de joderles. Una musiquilla me sacó de mi paranoia. Eran los anuncios. La película había acabado. Me levanté del sofá y fui a mi cuarto. Escribí todo lo que había pensado y firmé con un seudónimo. Al día siguiente lo colgué en el corcho de mi clase, sin que nadie me viera. A todo el mundo le gustó, hasta hablamos de él en tutoría, pero a pesar de ello, la gente siguió discriminando a Antonio, el chico con síndrome de down que venía a clase, a Amandja, una chica negra, que había venido de África, y a todos los que tenían algo que era diferente de la mayoría, los raros. Y yo seguí sin entenderlo, a mi me parece la mejor gente, ya lo decía el gran Cobain "ellos se ríen de mi por ser diferente, yo me río de ellos porque son todos iguales"
Andrés da Silva
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